Domingo 10 de marzo, Pichilemu. Salimos bien temprano para aprovechar el último día con Sebastián, el "conductor" durante ese fin de semana. Antes de empezar el viaje, necesitábamos buscar una gomería. Después de dar unas vueltas y preguntar, llegamos a la "Vulca" o Vulcanización (así se llama, en Chile, a las gomerías)

Desde el auto, cuando vi el lugar, me pareció demasiado prolijo para ser una gomería. Y cuando me bajé y escuché música de Peter Gabriel dije: de verdad esto es una gomería?? Agarré la cámara de fotos y sin saber que iba a escribir un post en el blog, saqué fotos sólo para mostrar a la vuelta y para contar que había estado en una "gomería rara", llena de cuadritos y sin fotos de chicas desnudas.



Héctor, el dueño de la Vulca, es un artista. Y un artista famoso en Pichilemu. Hace sus cuadros con todos los tornillos, clavos, metales y cosas que saca de las ruedas.



Mientras trabajaba, nos fue contando su amor por lo que hacía y lo que quiere a cada uno de sus cuadros. Le pregunté si los vendía y me dijo que no, que el amaba esos cuadros y que solo los regalaba (había regalado uno a un alemán) si sabía que la persona que lo iba a tener, lo iba a querer y cuidar mucho. En broma, cuando dijo los dos lugares donde había cuadros suyos, dijimos (o dije, ya no recuerdo): "en Rosario no hay".

Miró los cuadros y bajó uno mientras me decía bien claro que le prometiera que lo iba a "amar" (esa fue la palabra). Después sacó de su mesa un anotador para que le dejara mis datos y me explicó que ese del cuadro pintando, al pie del árbol, era él. Todo un personaje Héctor!!!
!["Cerro de la cruz" [Detalle •]](http://farm9.staticflickr.com/8094/8591733710_e41045f696_z.jpg)

Intercambiamos direcciones, prometí cuidar su cuadro y ponerlo en un lugar especial de mi casa, nos sacamos la foto y nos despedimos para seguir con el viaje.

Nota al margen: el cuadro pesa una tonelada y apenas subí al auto pensé cómo iba a seguir mi viaje una semana más y cómo iba a subir y pasar eso en el avión...
En el bolso de mano no se puede tener nada, ni cremas, ni desodorantes, tijeras, etc, etc. A un chico adelante mío, le sacaron el encendedor. Yo pasé con una "centena", creo, de clavos, tornillos, un vidrio de 3 mm y un marco de madera pesadísimo. Tranquilamente podría haber hecho desastres, si uno lo piensa con la cabecita de un loco, no?
Todavía no entiendo cómo son los controles, lo único que hizo un policía mientras yo cargaba las cosas, fue leer mi nombre en la etiqueta del embalaje. Ahí sí, cuando escuché "Georgina Matich... ajám" dije: chau, mi cuadrito queda en Chile. Pero no, se ve que le llamó la atención el nombre solamente.
Ahora tengo que buscarle su lugar. El peso y la incomodidad de traerlo valieron la pena. No me voy a olvidar nunca de Pichilemu, Héctor y su vulca :)